Todos somos responsables de lo que emitimos, de la energía que compartimos y de la huella que dejamos en la vida de los demás.
Cada pensamiento, palabra y acción tiene un impacto que contribuye al equilibrio o al desequilibrio del mundo que habitamos. Por eso, siento que la vida cobra verdadero sentido cuando me pongo al servicio de los demás, con amor, entrega y conciencia, aportando desde mi experiencia al bien común y al crecimiento colectivo.
Servir es, para mí, una forma de agradecer la vida y de devolver a otros la luz que también recibo.